Mario Manzanares-AAA
De acuerdo con la teoría hoy mayormente aceptada respecto de la génesis del universo, conocida
como “Teoría del Big Bang”, todo lo que hoy forma ese universo se hallaba contenido en un
punto inconmensurablemente pequeño y energético: una singularidad espaciotemporal de
densidad infinita cuyas leyes físicas regentes son desconocidas.

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En una suerte de “estallido” por así llamarlo, ya que ninguna semejanza tuvo con los estallidos
conocidos en la Tierra, esa singularidad se expandió vertiginosamente creando el universo que
conocemos; expansión que continúa en forma acelerada en nuestro tiempo.
Pese a su nombre, que fuera despectivamente propuesto por el astrofísico inglés
Fred Hoyle (1915 – 2001) y que podría traducirse como “Gran Explosión”, aquello que dio origen
al universo no fue algo explosivo ni tampoco, muy probablemente, pudo ser tan grande puesto
que partía de un punto infinitamente pequeño.
Junto con dicha expansión comenzó a correr el tiempo, entelequia firmemente unida al espacio
creado e inexistente hasta entonces.
De acuerdo con las estimaciones, ello habría tenido lugar hace unos 13.800 millones de años.
En nuestra mente, acostumbrada a pensamientos deterministas, y en un mundo euclidiano de tres
dimensiones; el concepto del Big Bang es aceptado pero difícil de asimilar.
Estamos habituados a que las cosas sucedan en un momento y lugar determinados.
Pero ¿dónde tuvo lugar el Big Bang? En ningún sitio, ya que el espacio no existía.
¿Y cuándo sucedió? Hablamos de edad del universo, y la fijamos entre 13.700 y 13.800 millones de
años, a partir de un suceso acaecido en ningún momento en particular, ya que el tiempo
tampoco existía.
Absolutamente contraintuitivo, pero sustentado por los estudios científicos realizados.
Los científicos se han preguntado con lógica (y siguen haciéndolo) qué había antes de ese suceso.
El astrofísico inglés Stephen Hawking (1942 – 2018) respondió a dicha pregunta diciendo que
antes era la NADA.
Más aún, restó importancia a la pregunta argumentando que era similar a preguntar ¿qué había al
norte del polo norte? El físico Álvaro de Rújula (1944 – ) equipara la pregunta a esta: ¿dónde
estaba mi reloj y qué hora marcaba antes de ser fabricado?. Según el científico, si el Big Bang
es un fenómeno repetitivo en un universo que se expande y contrae sucesivamente, la pregunta
tiene sentido. Pero si es un fenómeno que sólo sucedió una vez, no lo tiene.
Y ambas posibilidades son factibles de acuerdo con lo que sabemos.
En algunas religiones la creación del universo se explica con la expresión latina
“ creatio ex nihilo”, o sea, la creación a partir de la nada.
Pero, ¿puede algo surgir de donde nada hay?
Nuestro pensamiento es marcadamente determinista. Todo surge de algo, todo es consecuencia de
algo, y todo es precedido por otra cosa.
El filósofo romano Tito Lucrecio Caro (99 – 55 a.C) lo expresó diciendo “ex nihilo nihil fit”,
versión latina de palabras del filósofo griego Parménides de Elea (mediados del siglo VI
a.C.) que significa “de la nada, nada sale”.
La dogmática cristiana, sustituyó esta frase por “ex nihilo fit ens creatum” (de la nada se hace el
ente creado), estableciendo la existencia de un Dios que obra creando desde la nada.
Volviendo a Stephen Hawking, el científico expresó que la existencia de un Dios creador no podía
ser descartada, pero que la física enseñaba que su presencia no era necesaria para que la
creación se diera.
Entonces, ¿de la nada puede surgir algo?
No de la nada clásica, concebida como la inexistencia de cualquier cosa.
Con frecuencia se homologa a esta nada con el vacío, aunque el significado de ambos términos no sea
exactamente el mismo.
Nada es la inexistencia total o carencia absoluta de todo ser, mientras que vacío es el espacio
carente de materia.
Los dos términos pueden parecer sinónimos, pero mientras el vacío es un concepto con el que se
trabaja en física, la nada no lo es.
La nada es la ausencia de todo “lo que allí podría haber”. Es un concepto filosófico
característicamente vago. El vacío en cambio es observable, y en la práctica no está vacío.
En la realidad clásica el vacío es simplemente un espacio que nada contiene.
En la realidad cuántica no es así. Está lleno de partículas que surgen de manera espontánea y se
esfuman rápidamente.
El vacío como espacio sin materia puede contener otros ingredientes, lo que lo diferencia de la
nada.
Por brevísimos períodos en el orden de los 10(-15) segundos, se puede generar energía a partir del
espacio vacío. Ocurre de manera espontánea. No se puede vaticinar cuándo sucederá, pero
pasará.
Si extraemos de una habitación sellada todo cuanto en ella hay incluyendo el aire, ¿qué queda?
Decimos que en la habitación hay ahora vacío. ¿Es eso la nada?
No. Según la física lo que queda en la habitación es vacío cuántico, algo muy diferente de la nada.
Este vacío cuántico es lo más cercano al auténtico vacío que podemos asumir en nuestro universo,
ya que su contenido en energía media es igual a cero. Pero de acuerdo con el principio de
incertidumbre establecido por Werner Heisemberg (1901 – 1976), aunque su energía media
sea cero, fluctúa continuamente, permitiendo la creación de partículas y antipartículas sin violar
el principio de conservación de la energía.
En nuestro universo no se da pues la nada, sino sólo una suerte de vacío que no lo está realmente.
El cosmólogo Lawrence M. Krauss (1954 – ) planteó que si lo que había antes del Big Bang era
dicho vacío cuántico, el universo habría surgido de una fluctuación en su seno.
Ello evidentemente no es la nada.
Una fluctuación cuántica implica la existencia de campos cuánticos, y estos implican que no nos
hallamos ante la auténtica nada.
De acuerdo con la mecánica cuántica, el vacío cuántico no está realmente vacío, sino que contiene
ondas electromagnéticas fluctuantes y partículas que saltan dentro y fuera de la existencia, o
mejor dicho, de bajos niveles de energía.
El vacío es un objeto físico que puede cargarse de energía y convertirse en en varios estados
distintos.
En el marco de la teoría cuántica de campos, el universo habría surgido del vacío cuántico
preexistente.
Actualmente observamos un universo que se expande y se enfría. Su temperatura, aunque muy baja
(2,7 Kelvin), está por encima del cero absoluto.
Esta pequeña energía seguirá desvaneciéndose hasta alcanzar un mínimo, y el universo volverá a
tener su estado inicial: un estado inicial de vacío.
La energía, siempre presente, se conservará en el vacío cuántico lleno de fluctuaciones.
Esta energía mínima, debajo de la cual no se puede ir, preexiste y no puede ser creada ex nihilo.
Otra fluctuación podría dar a luz un nuevo universo.



